¡¡Agur!!

Y hasta aquí puedo leer.

Aunque este blog haya surgido por una iniciativa de los profesores al final nos ha servido de mucho. Y es que las cosas, o se hacen bien o no se hacen. Nosotras no sabemos si lo habremos hecho demasiado bien, pero empeño en haceros reír le hemos puesto. Y sino, al menos nos habrá servido para reírnos nosotras (bueno y para hacer publicidad de Vaya Semanita).

Pero todo acaba queridos lectores (¿o debería decir “lectora”, en singular?)

Sí, sabemos que nos echarán de menos, pero es que los mejores siempre nos dejan… ¡y nosotras no somos las culpables de que esta sea una asignatura cuatrimestral!
Buenos, creo que ya no hay más que añadir…

Además… ¡Que a los vascos nos cuesta mucho despedirnos!

Y no, no vamos a llorar. Pero creo que se me ha metido la ikurriña en el ojo…

TOPICO UNIVERSAL

Esta vez, como va a ser la penúltima actualización, queríamos hablaros de un tópico universal: las primeras impresiones.

Todos las hemos tenido, y todos las hemos sufrido. Nadie sabe exactamente porque las tenemos con ciertas personas, quizás sea pura defensa; como cuando en la jungla un animal sospecha de otro, por pura supervivencia. Todos sin excepción alguna, tendemos a poner a nuestro alrededor un “manto” protector, una coraza de hierro, tememos que nos quiten nuestro “territorio” o que indaguen demasiado en nuestra “jungla interna”; o simplemente tenemos miedo a que una nueva “especie” que no conocemos, se nos cruce en nuestro camino y nos desestructure nuestro hábitat.

Eso nos ocurrió, la primera vez que te vimos. Entraste a clase nerviosa, pero decidida a hacer tu trabajo, nadie de nosotros se subiría a tu “chepa”. Desde el primer minuto nos llamaste la atención, pidiendo silencio, respeto en definitiva, cosa con la que no estamos demasiado asociados. Tu look nos recordaba al de una profesora que alguna asignatura nos dio creemos recordar, aunque lo que si recordamos es ese politono de Los Simpsons que le sonaba una y otra vez en mitad de clase. De algo te debe de sonar a ti también… pues alguna relación debiste tener con ella.

Volvamos, a ese momento, la primera vez, que durante todo este curso se ha repetido semana tras semana. Entre medias, entre una práctica y otra, nos asombraste con el dichoso punto lila, que no tenía mucho que ver con lo que hasta ese momento engloba la asignatura, sin embargo supiste atraer nuestra atención con temas… más de nuestro estilo por así decirlo (osea, menos periodismo, más publicidad). También nos sorprendían esos momentos en los que olvidábamos lo que estábamos haciendo en clase para hablar, hablar sobre cosas normales, sobre cosas más allá del periodismo y la publicidad, o con los comentarios como los de cualquier joven, que ve el mundo como le gustaría que fuese, y no como en realidad es.

Iniciativa, tesón, pero a la vez responsabilidad y firmeza.

Leire, sigue con esa ilusión por hacer bien tu trabajo y sigue flipando (como tú dijiste en una ocasión), pues es la única manera de cambiar las cosas promoviendo interesantes iniciativas. Esperamos que nunca llegues al extremo de entrar en clase a leer un libro sin mirar a la cara siquiera a los alumnos, pues habrás perdido la ilusión por hacer las cosas correctamente.

Últimos consejos... antes de tirar la toalla

Si algo les gusta a los vascos de las navidades es poder demostrar lo que son. Sacar su esencia. El homo vascus que llevan dentro.

Por eso, rezan para que les pillen en un control de alcoholemia. Así podrán seguir soplando aunque les digan que paren. Rezan para que lleguen sus sobrinos a pedirles la paga. Así, podrán sacar a relucir su fajo de billetes. Rezan para reunirse con los cuñados y hacer apuestas sobre partidos del Athletic o sobre Irujo. Rezan para que nieve y poder sacar el todo terreno. Rezan para hacer esas cosas que las mujeres llamamos… “cosas de hombres”. Aunque llevadas al extremo solo pueden ser…“cosas de vascos”.

Solo nos queda decir, antes de tirar la toalla… Unos últimos consejos para que intentéis disimularlo, sobre todo cuando salgáis de vuestro territorio (No, Castro no entra en vuestro territorio).

-No hagáis preguntas de vascos. ¿Aquí dónde hay un sitio en el que se coma bien? ¡No! Eso también es de vascos.
-No llegues a Jaca o Benidorm y busques el DEIA en el kiosko. ¿Eso? ¡Eso también es de vascos!
-No intentes pagar las tapas que te sirven en los bares. Los pintxos se pagan, las tapas no.
-Deja la camiseta de tu equipo en casa. Sobre todo si es de la Real.

Bueno... quizá si alguien sigue nuestros consejos todos los protagonistas de Vaya Semanita vayan al paro... y tampoco es eso lo que queremos. De momento os dejamos con uno de sus vídeos que tan fielmente refleja la esencia... ¡Nuestra esencia!


http://www.youtube.com/watch?v=f4IDM2d8wg0

Olentzero vs Reyes Magos



Ya queda poquito para que se acaben las navidades, pero aún queda uno de los días más importantes sobre todo para los más pequeños de la casa, los Reyes.

Como sabréis, aquí en Euskadi, el día 24 por la noche el Olentzero deja a todos los niños y no tan niños un regalito en sus casas. Esto ocurre también con Papa Noel en otros lugares del mundo.

Por lo tanto, como habréis podido concluir, en Euskadi existen dos días en los que se reciben regalos; uno, el día del Olentzero y otro, el día 6 de enero con los Reyes Magos de oriente. Lo que queremos en este caso es averiguar qué día es más importante en Euskadi. Si el día del Olentzero, un tipo vestido a la antigua usanza, que trabaja duramente en el monte y que una vez al año se deja ver por el territorio vasco y deja regalos a todos los habitantes del lugar; o el día de los Reyes Magos, tres hombres misteriosos que viajan desde Oriente en camello para llegar a cualquier lugar y dejar también su regalo.

Nosotras, siendo vascas, ya os podréis imaginar por quien nos decantamos, pues si, ¡Por Olentzero! Y es que a nosotras un hombre que el solito sin ayuda de nadie, y sin ningún camello, puede dejar en cada casa un regalo, pues... ¡nos gusta! Y es que si lo comparamos con los Reyes Magos, Olentzero está en desventaja. Trabaja él solito, no tiene ningún medio de transporte, no tiene un vestuario exquisito,(los reyes tienen capas y coronas) y entre otras cosas, el Olentzero debe hacer su trabajo antes, concretamente el 24 de diciembre.

Eso sí, no queremos desprestigiar el trabajo de los Reyes Magos, pues también es cierto que ellos trabajan en un territorio más amplio, en toda España. Además, que viendo que el día 6 se acerca pronto tampoco nos vamos a arriesgar en ponernos por completo del lado de Olentzero. Eso sí, de quien si nos podemos quejar es de Papa Noel. Y es que, además de tener elfos que le ayudan con los regalos, debemos recordar que se desplaza mediante trineo…¡Este si que vive bien! Sólo hay que poner atención y ver como canta felizmente su mítico «Jou jou jou ».

Fiestas navideñas a la vasca


La historia de la sociedad vasca está estrechamente vinculada a la religión (a la católica), y quizá sea por eso que, sobre todo los bilbaínos, celebran la navidad por todo lo alto. Mi teoría es otra. Mi teoría es que es la excusa perfecta para que puedan hacer lo que mejor se les da; comer y beber sin descanso.

Los vascos en Navidad se vuelven locos. Pagan lo que haga falta por un puñado de angulas, guardan horas de cola para comprarlas, llenan los carros de Eroski con cajas de langostinos, jamón y paté, se sientan a la mesa y se les ilumina la cara, y comen con ansia, como si no hubiesen visto tanta comida en sus vidas, como diciendo “esto si que es una cena y no la del año pasado en casa de mi suegra”. La palabra “crisis” desaparece de la boca de todos ellos. Sobre todo a la hora de dar la paga a hijos, sobrinos, nietos y amigos de hijos, de sobrinos y de nietos. El que más dinero de, más vasco será.

Y todo esto no se plasma únicamente en el regalo que deja Olentzero en cada casa, sino en lo que comúnmente llamamos una bilbainada como; hacer el roscón de reyes más grande del mundo en Bilbao. Sí señor. Que se sepa de donde somos. La foto pertenece a las navidades del año 2007, pero año tras año los vascos han aumentado el tamaño del roscón de reyes para que nadie pueda superarles. Y, como dice la tradición, al que le toque el muñeco, paga el roscón del año que viene. (No os preocupéis que estos de Bilbao se pegarían por pagarlo).